Había
una casa que tenía muchas habitaciones. Todas las noches, cuando el padre
apagaba las luces para ir a descansar, su pequeña hija le pedía acompañarlo
porque le gustaba brincar desde lo alto de la escalera a los seguros brazos de
su padre justo antes de apagar esa luz.
Un
día su papá apagó la luz justo antes de que la pequeña niña brincara. La hija
refunfuñó y exigió al padre que encendiera la luz nuevamente para brincar, pero
su padre respondió que se lanzara de todas formas, y que confiara en que él la
recibiría.
La
niña insistió argumentando que ella no veía aquellos fuertes y seguros brazos.
Ante esto su padre le aseguró que él sí
la veía a pesar de que ella no, y le volvió a desafiar a brincar de la misma
forma en que ella lo hacía confiando en que él la sostendría como siempre…
Dios, nuestro Padre Celestial, está
esperando que demos ese paso de fe. Que brinquemos a sus brazos ya que nunca
nos dejará caer.
“El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en
sus manos.” Juan 3:35
“Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán,
ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más
grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El Padre y
yo somos uno”. Juan
10:28-30
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