lunes, 14 de mayo de 2012

Reflexión de la semana


Había una casa que tenía muchas habitaciones. Todas las noches, cuando el padre apagaba las luces para ir a descansar, su pequeña hija le pedía acompañarlo porque le gustaba brincar desde lo alto de la escalera a los seguros brazos de su padre justo antes de apagar esa luz.
Un día su papá apagó la luz justo antes de que la pequeña niña brincara. La hija refunfuñó y exigió al padre que encendiera la luz nuevamente para brincar, pero su padre respondió que se lanzara de todas formas, y que confiara en que él la recibiría.
La niña insistió argumentando que ella no veía aquellos fuertes y seguros brazos. Ante esto su padre le aseguró que  él sí la veía a pesar de que ella no, y le volvió a desafiar a brincar de la misma forma en que ella lo hacía confiando en que él la sostendría como siempre…
Dios, nuestro Padre Celestial, está esperando que demos ese paso de fe. Que brinquemos a sus brazos ya que nunca nos dejará caer.

El Padre ama al Hijo, y ha puesto todo en sus manos.” Juan 3:35

Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El Padre y yo somos uno”. Juan 10:28-30

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